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O R I H A T E M A N U A L PROLOGO El hacer el prólogo de un libro, no es cosa fácil, es decir, es en sí, un trabajo acucioso, producto del examen de todas las ideas y conceptos plasmados por el autor en el cuerpo del mismo, a fin de esbozar a los lectores, la finalidad que ha perseguido su generador para darlo a conocer a la opinión pública y también el prologuista tiene a su cargo, el formular su concepto personal sobre la obra, haciendo resaltar su finalidad educativa e instructiva, así como, su valor literario, sin perder de vista el señalamiento de los pequeños errores de que pudiera adolecer la obra encomendada. Así pues, he de limitarme no sólo al contenido de la obra, sino a los beneficios que pudiera reportar en el futuro, a los lectores que poseen un escaso conocimiento de la mitología africana, que ha sido objeto de una despiadada crítica, sobre todo, por aquellos comentaristas y escritores especializados en el campo de la sociología que recelosos y hambrientos de conocer la mística o mitología africana, se han alimentado de las versiones o comentarios hechos por personas que se jactan de conocer los verdaderos misterios de la ciencia Afro-Cubana, y estos a su vez, plasman estas ideas en sus libros, en la creencia de que han tenido la suerte de revelar a la opinión pública los secretos de la religión lucumí, cuando lo cierto es que esa fuente de adquisición es enteramente falsa y carente de veracidad. Decimos esto, por la razón de que los comentaristas modernos no conocen, ni pueden conocer a fondo los secretos de la mitología africana, ya que los esclavos africanos que trajeron a Cuba, las diversas mitologías feudalistas africanas, jamás revelaron sus secretos, que según comentarios de las últimas reservas sucesorias que aun quedan como reliquias de la raza lucumí, aseguran, que sus antecesores se ocultaban de sus hijos al verificar sus ritos religiosos. No dudo que existan algunos intrusistas y fariseos que hayan pretendido descubrir por la vía persuasiva la evolución y desarrollo de esos ritos religiosos, pero, sí aseguro, que aun así no han podido conocer el fondo básico y esencial de las ceremonias lucumíes. Tampoco dudo que hayan podido descubrir algunos puntos reales de las referidas ceremonias, pero, podemos asegurar, que no pueden dar una explicación básica del fundamento de una ceremonia, es decir, cual es su razón de ser y su finalidad. Los comentaristas y escritores modernos, persiguen en su intento no solamente un fin especulativo, sino, realzar su reputación literaria importándole muy poco, el perjuicio que pudiera redundar a los que por su santidad o credo, se encuentran afanados en perpetuar su secreto y sus misterios a través de la historia del mundo, tales como así lo hacen los masones y otras entidades religiosas. La revelación del culto de una religión, es una profanación y una traición a los sagrados principios religiosos. Un verdadero masón tiene un juramento que impone la voluntad de dejarse cortar el cuello antes de revelar los misterios de la masonería, pues, así eran los antepasados lucumíes; morían y se llevaban consigo el secreto de sus conocimientos religiosos. De igual modo lo verificaban los indios, pues, jamás he tenido ante mi vista un ejemplar u obra, que haya revelado los secretos de esta raza casi extinguida. Por otra parte, los escritores que como el suscribiente, conocen muy a fondo los misterios de la religión lucumí, no son capaces de revelar públicamente la esencia mitológica de dicha religión, que a mi juicio es la más humana y la más adaptable a la religión cristiana en su finalidad. Pues los conceptos erróneos adquiridos del populacho o de los libros editados por escritores oportunistas, le han causado un grave perjuicio en la opinión pública, que huyen de ella estimándola como una religión repugnante y propia de gente de baja cultura social. Ahora yo pregunto: ¿Qué conocimientos podrán tener los escritores modernos, si estos no son SANTE-ROS, ni practican esta religión?, Y ¿qué ideas podrán sugerir a la opinión pública, si la fuente de conoci-mientos de que se han valido estos escritores, son los comentarios de personas que tampoco son santeras, ni practican esta religión? Tal como aparece en la obra recientemente publicada titulada EL MONTE, ue en primer término dicha obra es la copilación de ceremonias de la religión Gangá, Lucumí, Conga y Arará, mixtificando el lenguaje africano, como si fuera un lenguaje UNICO, cuando lo cierto es que Africa fue cuna de una civilización FEUDAL, donde existieron Tribus de tipo feudal, y donde cada tribu tenía un lenguaje típico propio, diferente al lenguaje de las demás tribus. Al producirse en el Siglo XVI el comercio negrero, conocido en los anales de la Historia, por la TRATA emigraron a Cuba esclavos africanos de distintas regiones de este vasto Continente, que en forma de rehenes eran trasladados a la América, como una mercancía sujeta al engranaje de la compraventa mercantil. ¿Cómo es posible, que si esos esclavos tenían un lenguaje propio regional, una costumbre propia y una religión que estaba acorde con la deidad religiosa que adoraban, cómo es posible repito , que ahora se pretenda mixtificar los vocablos, fusionándolos en un lenguaje único? ¡No saben esos comentaristas, que cada tribu adoraba una deidad o patrón religioso! Por ejemplo, en la tierra de TACUA se adoraba a Santa Bárbara, conocida alli y aquí, por Changó el rey del rayo y el trueno; y que en la tierra de la religión Arará se adoraba a San Lázaro, conocido en la refiügión lucumí, por BABALUAYE o el rey de la salud y de la enfermedad. Yo he visto un tratado o libro donde el autor confunde el lenguaje lucumí con el lenguaje Arará y el brícano, que también es de origen africano, observándose en dicha obra que existe un verdadero desconocimiento de las diferencias lengüísticas de los esclavos africanos, que en honor a la verdad, muchos esclavos no se entendían. Lo mismo ocurría en la América con los indios, que según NICOLAS ESTE-VANEZ, notable historiador, decia que existía entre los indios más de DOSCIENTOS DIALECTOS. En definitiva, la obra titulada El Monte es una joya literaria, pero en lo que respecta a la revelación de los secretos de la religión Lucumí, están mixtificados, tanto las ceremonias, como el lenguaje aplicado.
En cuanto a la obra del amigo NICOLAS ANGARICA, titulada MANUAL DEL ORIHATE, es una obra magnifica, con más copiosos detalles que su obra anterior, ya que en la misma, tuvo el cuidado de salvar los errores de escritura contenidos en su obra titulada EL LUCUMI AL ALCANCE DE TODOS, pues ha llegado a sus manos un diccionario y una Biblia traducida en lenguaje YORUBA, a fin de que los lectores puedan conocer su legítima y verdadera escritura y su correcta pronunciación. Por otra parte, el autor da a conocer en una forma extractada la historia de los SANTOS o DEIDADES de origen LUCUMI, que hoy en día se practica y adora en Cuba. También expone los deberes que tienen los IGUOROS o Santeros con sus ahijados y estos para con aquellos.
La obra es una ampliación de la anterior, ya que también ha extendido los ODDUN, a fin de que los ORIHATE, puedan extender sus conversaciones o registros. Por otra parte, revela la relación que existe entre los astros y los seres vivientes. El autor, por otra parte, da una extensa explicación de la Historia de los ODDUN, en forma de moraleja, a fin de que puedan verificar su razonamiento del camino que tiene que seguir de acuerdo con el ODDUN que irradia al consultante. Así pues, más que un Manual, es para el ORIHATE, un foco luminoso de orientación, de conocimientos y de sabiduría.
La lengua lucumí es única y exclusiva, que procede de una civilización muy poderosa del Africa donde radican los Yorubas y no puede mixtificarse ni confundirse con otras lenguas africanas. Sepan los lectores y escritores modernos, que en la región de los Yorubas ha adquirido el grado de LENGUA NACIONAL, pues en esta tierra, se hablan dos lenguas esenciales, o sea, la Yoruba y la OYO, con sus reglas gramaticales definidas, siendo estas, el producto de la fusión de todos los dialectos lucumíes. OYO y Yoruba, que desconocen los comentaristas modernos y que están insertados en este valioso Manual, del que me digno ser su prologuista y su ilimitado propagandista. Dr. Jose Roque de la Nuez (Efún Yomí)
Habana, 3 de Agosto de 1955
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